miércoles, 1 de marzo de 2017

28 de Febrero de 2017: Nada que celebrar, por Antonio Burgos + La suerte de ser andaluz, por Luis Marín Sicilía. = ¿Es usted ciudadano o todavía piensa? Los resultados de un Régimen que dura casi 40 años, están encima de la mesa. Andalucía hacía el abismo, un camino sin retorno...... Y la pregunta es: ¿Seguiran adormecidos los andaluces mientras el futuro se le va de las manos?

28 de febrero de 2017.
 Nada que celebrar, por Antonio Burgos.

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Hoy se celebra el Día de Andalucía. Bueno, lo celebran los que viven de ella, en la Junta, en las empresas públicas creadas por la Junta, en los observatorios creados por la Junta, en las delegaciones provinciales de la Junta; incluso en la oficina de la Junta en Bruselas, que haberla, hayla. Los demás celebramos un puente buenecito, porque tenemos bien poco que celebrar. Hoy se celebra el Día de Andalucía y me quedo pensando: ¿celebramos el día de Andalucía o el día de la Junta de Andalucía? ....

......Todo empezó con la chapuza de una pizarra con tiza en el escrutinio del Casino de la Exposición el 28-F y con un pucherazo, porque el referéndum se perdió en Almería. Así que como andaluz con ejercicio y servidumbre, con la mano en el pecho y todo el dolor de mi corazón, tengo el deber moral de confesarles que creo que hoy no hay absolutamente nada que celebrar.

La suerte de ser andaluz, por Luis Marín Sicilía.




...... Andalucía es la única autonomía que no ha tenido alternativa desde su constitución. Si el poder, decía el clásico, corrompe, la permanencia excesiva y absoluta en el mismo, adormece las mentes y, a veces, corrompe absolutamente.

Hoy es un día grande para Andalucía. Y los andaluces tienen la suerte de haber nacido donde han nacido: en una tierra creativa, alegre y festiva, cuyos habitantes acreditaron a lo largo de los siglos su enorme espíritu emprendedor, llenos de sueños, ilusiones y luchas. ¿Es que van a seguir adormecidos mientras el futuro se les va de las manos?


  

Nada que celebrar

Antonio Burgos.

Hoy se celebra el Día de Andalucía. Bueno, lo celebran los que viven de ella, en la Junta, en las empresas públicas creadas por la Junta, en los observatorios creados por la Junta, en las delegaciones provinciales de la Junta; incluso en la oficina de la Junta en Bruselas, que haberla, hayla. Los demás celebramos un puente buenecito, porque tenemos bien poco que celebrar. Hoy se celebra el Día de Andalucía y me quedo pensando: ¿celebramos el día de Andalucía o el día de la Junta de Andalucía? Hoy es como el desfile de la victoria de una frustración colectiva. El día en que, con lo poco que hay que festejar, debe de celebrarse, no sé, que Andalucía, a pesar de la autonomía, tenga la tasa de paro más alta de las regiones europeas. Y que en cada informe PISA nos den un palo en materia de excelencia escolar que, eso: pisa morena, pisa con garbo las tasas de fracaso escolar, y de abandono. Y de jóvenes universitarios que acaban de graduarse en esas fábricas de parados que son las facultades y las escuelas técnicas y no encuentra aquí currelo, y se tienen que ir al extranjero...de camareros o de lo que sea. ¿Cuántos jóvenes andaluces emigrantes, con dos títulos el que menos y cuatro másteres, y dominio de tres idiomas, celebrarán hoy el día de Andalucía en Londres, en Chicago, en Lima, en Dubai, en Ginebra, en Frankfurt?

Cada año me entristece más el Día de Andalucía porque compruebo que no sirvieron para nada los sueños, los esfuerzos, las ilusiones que una generación entera depositó en la autonomía. Con la autonomía se iba a acabar el paro; se iban a terminar las diferencias entre regiones ricas y regiones pobres de España; íbamos a ser respetados ante el resto de la nación; no iba a ser Andalucía la criada de Europa; la tumbona de sol para los guiris de vacaciones baratitas; el tópico del arsa y toma. Y ya ven en qué ha quedado todo. En una inmensa maquinaria burocrática, que vas por una calle y no hay edificio donde no te encuentres el escudo de la Junta, que ha puesto allí un chiringuito donde están colocados tropecientos mil adictos al Régimen del partido que gobierna la autonomía desde que con tantas fatiguitas se consiguió, sin que hayamos tenido todavía la oportunidad de comprobar cómo sería Andalucía gobernada por otras siglas, otro modelo de administración, otra ideología, otros que no fuesen los vividores de este Régimen. Sí, esto es no es una autonomía: esto es un Régimen. La generación de los que ilusionadamente conseguimos la autonomía para acabar ahora en el "no era esto, no era esto", hemos vivido solamente en dos regímenes, dictatorial el uno, democrático el otro: el Régimen de Franco y el Régimen de la Junta. A ambos, el mismo respeto-miedo, por el poder que acumulan. Nadie se atrevía a hablar contra el Régimen de Franco. Nadie se atreve a cuestionar el Régimen de la Junta; si lo haces, te juegas literalmente el pan de tus niños. Porque todo lo dominan, todo lo controlan, todo lo abarcan. ¿Centralismo madrileño? Lo detestábamos cuando pedíamos la autonomía. Pero de la ilusión del 4-D del 28-F, ¿qué se hizo? Del centralismo madrileño hemos pasado al centralismo sevillano. Del partido único del anterior Régimen hemos pasado al partido omnipotente del Régimen presente.

¿Conquistamos una autonomía, o fuimos todos cómplices del pretexto que se buscó el PSOE para echar de La Moncloa a la derecha, que entonces era el centro de UCD, y perpetuarse en el poder? En Madrid no pudo. Pero aquí en Sevilla bien que se han perpetuado en el poder los que inicialmente no creían en Andalucía ni sabían cómo era la blanca y verde. Todo empezó con la chapuza de una pizarra con tiza en el escrutinio del Casino de la Exposición el 28-F y con un pucherazo, porque el referéndum se perdió en Almería. Así que como andaluz con ejercicio y servidumbre, con la mano en el pecho y todo el dolor de mi corazón, tengo el deber moral de confesarles que creo que hoy no hay absolutamente nada que celebrar.



martes, 28 de febrero de 2017

La suerte de ser andaluz


Según el último índice AROPE, la población andaluza en riesgo de pobreza o exclusión social se ha disparado al 43,2 % en 2015 frente a la media nacional del 28,6%.  Según el doctor Cardenete, director del departamento de economía de la Universidad Loyola, se prevé un crecimiento económico para este año en Andalucía del 2,5 % (dos décimas menos que la media nacional) y una tasa de desempleo de entre el 26 y el 27 %, frente a la media española del 16,5 %.


Si bien las desigualdades se aminoran, reduciéndolas de 54,9 puntos del índice "Gini" a 34 puntos por efecto de las prestaciones por desempleo y el factor redistributivo ejercido por las administraciones mediante subsidios y ayudas, lo cierto es que la brecha entre Andalucía y la media nacional es de difícil superación, dadas las características de una economía como la andaluza, subsidiada y envejecida.


Hoy, fiesta autonómica del 28 de febrero, mientras el boato y las celebraciones hablan de la grandeza de una tierra singular, sería bueno que recapacitáramos algo sobre cómo es posible que no se hayan sabido aprovechar las múltiples oportunidades y ayudas que Andalucía ha tenido, sobre todo a raíz de la incorporación de España a la Unión Europea, y si acaso el conformismo y la autocomplacencia que definen al espíritu andaluz no se han equivocado en la apuesta por su modelo económico.

Entre los principios constitutivos de la construcción europea destacaba, a los efectos que nos interesan, la cohesión entre los países miembros, a cuyo efecto se destinaron los llamados fondos estructurales a los países y regiones con menor renta por habitante. Dichas ayudas debían mejorar las infraestructuras y la educación en el medio rural, incentivando la economía en las regiones europeas con menor índice de desarrollo. Y Andalucía, por su extensión y por su estructura económica fue una de las más beneficiadas durante más de veinte años.

A partir de la conclusión del llamado Marco Comunitario de Apoyo 2007/2013, los fondos comunitarios se desviaron en mayor medida a otros países y regiones de la nueva Unión Europea ampliada. La eliminación del Programa Operativo Integrado de Andalucía, según los profesores Lima y Cardenete, hubiera supuesto, en una simulación, un incremento en el septenio 2000/2006 de la tasa de desempleo en 7 puntos y una disminución del PIB de 6 puntos, lo que da idea de la importancia y los efectos de las ayudas europeas en la economía andaluza.

¿Y que se ha hecho para abordar, desde 2014 en que expiró el último Marco, una situación totalmente distinta a la acomodaticia perceptora de ayudas? ¿Cómo ha abordado la Administración andaluza el nuevo esquema económico? Nos tememos que desde la más absoluta inanidad y complacencia, de ahí que las consecuencias estén siendo los desajustes demográficos derivados de la migración hacia comarcas con mayores posibilidades de empleo, paralización de nuevas obras de infraestructuras, deficiente conservación de las existentes y ajustes demográficos profundos en el medio rural.

Para que "la suerte de ser andaluz" no suponga un drama y una enfermedad incurable es necesario que se aborde la situación con más realismo y menos publireportajes demagógicos. Un nuevo modelo económico, menos artificial del subvencionado, debe iniciarse con una mejora de la calidad de la enseñanza (lamentablemente los informes Pisa acreditan lo contrario), hay que dar prioridad a las actividades en las que Andalucía tiene grandes atractivos, como la salud y el turismo, hay que limitar el intervencionismo paralizante de la Administración que es una rémora para los emprendedores, hay que reducir a sus justos términos el sector publico andaluz, racionalizándolo y haciéndolo más profesionalizado y eficaz y acabando con el putrefacto enchufismo que invade todas sus estructuras. En definitiva, hay que ajustar todos los costes de producción para competir en condiciones adecuadas a una situación de economía globalizada.

Si hasta el siglo XVIII Andalucía era de las regiones más ricas de España y de mejores niveles de bienestar, no podemos aceptar que existan virus congénitos de sus habitantes que impidan el desarrollo económico de la misma. Son ya cerca de 40 los años que, entre pre y autonomía, Andalucía ha estado regida por un sistema político de base socialista, con periodos más acusados a la izquierda socialcominista. Y en tres largas décadas han acreditado su incapacidad para generar crecimiento, riqueza y empleo. La solidaridad interterritorial y las ayudas europeas no han rendido más resultado que consolidar un aparato clientelar en beneficio del partido gobernante.

La explicación lógica del atraso andaluz parece que sería la obsesión de sus dirigentes por crear un marco institucional dependiente  para perpetuarse en el poder. Una de sus más claras expresiones ha sido el caso de los "Eres" con la vocación del Gobierno andaluz por una situación de estancamiento y de ausencia de movilidad social por la vía de las subvenciones, y un uso arbitrario y oportunista de las mismas. Ante ello, cualquier cambio que altere el "statu quo" es extraordinariamente contestado.

Otro de los elementos que acreditan esa obsesión por mantener dependiente a la sociedad andaluza es el famoso "PER", donde alrededor de 150.000 andaluces reciben alrededor de 500 euros al mes por realizar unas 20 peonadas al año. Alguien calculó que una familia de tres miembros que trabaje dos días al mes percibe 1500 euros mensuales netos. En el tiempo libre se buscan incentivos en la economía sumergida, que es inmensa en la región. Una medida solidaria se ha convertido en un filón de votos para el Gobierno y ha suprimido incentivos para que la gente busque mejorar con su esfuerzo.

Por último, una economía basada en el empleo público es fundamental para el mantenimiento de la red clientelar: prácticamente uno de cada cuatro trabajadores lo hace en el sector público, que además se dota de figuras irregulares para burlar las coordenadas de una función pública profesionalizada e independiente.

Todo esto y algo más es lo que ha deparado la larga permanencia de un partido  al frente del gobierno regional. Andalucía es la única autonomía que no ha tenido alternativa desde su constitución. Si el poder, decía el clásico, corrompe, la permanencia excesiva y absoluta en el mismo, adormece las mentes y, a veces, corrompe absolutamente.



Hoy es un día grande para Andalucía. Y los andaluces tienen la suerte de haber nacido donde han nacido: en una tierra creativa, alegre y festiva, cuyos habitantes acreditaron a lo largo de los siglos su enorme espíritu emprendedor, llenos de sueños, ilusiones y luchas. ¿Es que van a seguir adormecidos mientras el futuro se les va de las manos?

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