lunes, 10 de agosto de 2015

CRÓNICA INDÍGENAS La forma sin fondo por CARLOS MÁRMOL = "El Susanato" : su política es forma sin fondo, efectismo, un decorado donde los actores son incapaces de guardar coherencia entre lo que dicen y lo que hacen.

Lord Byron, el poeta romántico, escribió una frase para describir cómo era la pasión amorosa que movía a las mujeres de su tiempo: «Durante la primera pasión una mujer ama a su amante, después ama al amor». No parece que tal afirmación, esencialmente cierta, tenga que ver con el sexo, sino con el carácter. Hay quien identifica a las personas con conceptos sin reparar en que las ideas son posteriores a la realidad, rara vez al contrario. En política ocurre: los próceres dicen velar por nosotros, pero ambicionan manejar el presupuesto. Sus móviles difieren siempre de sus palabras. La Querida Presidenta, reina de la marisma, se ha hecho famosa por defender el ejercicio arbitrario del poder con argumentos pasionales. A algunos, prestos a la recompensa, esta forma de gobernar les parece vibrante. A otros nos da sueño: sus episodios categóricos suelen ser tan previsibles como impostados.




En los últimos días hemos visto dos. El primero: la suspensión de la directora de Minas, María José Asensio, imputada por el caso Aznalcóllar. Durante la investidura, el susanato nos prometió medidas contra la corrupción. Puro humo. Para este caso se ha inventado el cese interruptus, léase una destitución con marcha atrás. Decimos cese conscientemente: en honor al póstumo duque de Alba, que nos ilustró en su momento sobre las diferencias -transitivas- de la cuestión. La precisión es pertinente porque fue Asensio quien propuso tomarse vacaciones hasta que se aclare su futuro procesal con idea de retornar a un puesto que considera suyo. Que Ella aceptase la propuesta resulta extraordinario, al tiempo que demuestra cuál es la coherencia que podemos esperar de sus promesas, por mucho que los diputados de Cs, como los bobos solemnes, reivindiquen una destitución que no es tal.


El segundo episodio es más sangrante. El susanato nos viene diciendo hace tiempo que está preocupado por los desahucios. No es para menos. En el primer trimestre de este año se han producido casi 3.000 en Andalucía. Un 8,5% más. La Junta tenía una línea de ayudas (2,3 millones de euros) que ha dado para atender las 500 primeras solicitudes de amparo. Cuando el dinero se ha agotado, el programa ha sido cancelado. El nuevo consejero del ramo, tras las críticas, promete ampliarlo con 1,5 millones de euros más y nos lo vende como una solución. No lo es. Son números: si 500 solicitudes agotaron las ayudas, la ampliación servirá para 250 familias más. El refuerzo dará para los afectados de la próxima semana. ¿Y los demás? La Junta ha creado un grupo de trabajo con los bancos. En la historia de la autonomía no se conoce fruto alguno de estos foros de debate. También tramita un plan para comprarles los pisos a las entidades que desahucian, que mejorarán sus cuentas de resultados con dinero público. Estamos frente al mismo problema. Ella predica (mucho) pero no reparte suficiente trigo. La pasión del susanato es tan vehemente en sus proclamas como ineficaz a la hora de ejecutarlas. Su política es forma sin fondo, efectismo, un decorado donde los actores son incapaces de guardar coherencia entre lo que dicen y lo que hacen. Lo escribió Feijoo en su Teatro Crítico Universal: «La pasión engrandece lo que hay de bueno en el malo y lo que hay de malo en el bueno. No existe más infiel balanza para pesar el mérito».



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