miércoles, 17 de junio de 2015

Griñán pide al Tribunal Supremo que deje de investigarle por los ERE; ¿De oca a oca y tiro por que me toca y de vuelta al juzgado, pero sin Alaya...? + Griñan, un adiós, por Antonio Soler; Chaves quiso que fuera un títere inteligente.... .= La Andalucía imposible; ¿Que gobierne la lista más imputada?

Tras la renuncia a continuar como senador por la comunidad autónoma andaluza
  • Griñán pide al Tribunal Supremo que deje de investigarle por los ERE
  •  El abogado traslada al alto tribunal que el ex presidente abandonará su escaño de senador
  •  De aceptar la petición, Griñán pasaría a ser competencia de los juzgados de Sevilla

José Antonio Griñán llega al Tribunal Supremo para declarar por el...

  • Editorial.  Griñan, un adiós, por Antonio Soler. “Podría haber sido el mejor presidente de Andalucía si no hubiese llegado al puesto demasiado tarde, cuando todo estaba podrido y ya nadie podía sofocar el termitero”,,,,,,,Después de su declaración ante la Justicia es cuando más alejado ha estado de la ambigüedad. Reconociendo el gran desastre que han supuesto los ERE, el gran error. Sólo, entonces, en diferido, reconoció que su abandono de la presidencia de la Junta era consecuencia de ese escándalo mayúsculoUna heroicidad frente a la actitud de su antecesor, que sigue instalado en la ceguera voluntaria y se niega a admitir la existencia de cualquier fraude bajo su portentoso mandato.




Tras la renuncia a continuar como senador por la comunidad autónoma andaluza
Griñán pide al Tribunal Supremo que deje de investigarle por los ERE
  •  El abogado traslada al alto tribunal que el ex presidente abandonará su escaño de senador
  •  De aceptar la petición, Griñán pasaría a ser competencia de los juzgados de Sevilla

 José Antonio Griñán llega al Tribunal Supremo para declarar por el...

José Antonio Griñán ha pedido al Tribunal Supremo que deje de investigarle. El abogado del ex presidente de la Junta de Andalucía ha remitido un escrito en el que informa al juez instructor del 'caso ERE' en el Alto Tribunal, Alberto Jorge, de su decisión de abandonar el escaño de senador y, por tanto, su condición de aforado.

El escrito del letrado José María Mohedano arranca explicando que es ya un hecho notorio que, este martes, Griñán "renunció a su derecho a seguir ostentando el mandato de senador en representación de la Comunidad Autónoma de Andalucía mediante escrito presentado al Parlamento Andaluz", así como que la Cámara autonómica ya se lo había comunicado a la Cámara Alta.

Por ese motivo, pide al juez instructor que "acuerde declarar la falta de competencia" del Supremo para encausarle en el 'caso ERE'. Si el instructor acepta la petición al estimar que no es imprescindible investigarle junto a los cuatro que aún están aforados, Griñán pasaría a manos del Juzgado de Instrucción número 6 de Sevilla. De esa forma, los dos ex presidentes imputados, Griñán y Manuel Chaves, responderían ante jueces distintos.




Griñan, un adiós, por Antonio Soler.

  • Le queda algún cafelito con Díaz; que no tenga un sabor muy amargo.


Podría haber sido el mejor presidente de Andalucía si no hubiese llegado al puesto demasiado tarde, cuando todo estaba podrido y ya nadie podía sofocar el termitero. La Junta era ya Numancia. Manuel Chaves había sido un virrey que se sucedía a sí mismo, un patriarca flotando sobre el espejismo de la prosperidad, prometiendo unas modernizaciones que no acababan de conectar Andalucía con la ola de riqueza que bañaba Europa pero que para los lugareños era más que suficiente. La fiebre del oro y las arterias de la institución llenándose de desvíos, pozos fraudulentos y miseria moral. Griñán llegó a la presidencia cuando la sequía comenzaba a azotar con fuerza y en Madrid todavía teníamos un presidente borracho de optimismo que en lo más duro de la crisis hablaba de brotes verdes, poco antes de dar cerrojazo al estado del bienestar y entregarse esposado a la, al parecer inevitable, política que marcaban desde el corazón de Europa.

Y allí estaba José Antonio Griñán, con un pasado más que aceptable en el gobierno central y unos antecedentes bajo el mandato de Chaves que acabarían por cercenar su carrera política. Y su carrera de servidor público, como no se cansa ahora de repetir, cuando le toca abandonar escaños, privilegios y pompa. 45 años de servicio y una carta de despedida a su sucesora. Griñán actuado en las orillas, ha estado al borde, se ha movido en tierras de nadie, sin conseguir finalmente que fueran suyas. Manuel Chaves quiso que fuera un títere inteligente. Un oxímoron. El virrey pretendía tutelar desee la metrópolis algunos asuntos internos de lo que consideraba su territorio. Aquello pudo con años de camaradería y amistad. Los malos tiempos ya estaban aquí, carcomiéndolo todo. El gobierno de Griñán nadaba apartando cadáveres y despojos que no paraban de subir a la superficie hasta convertir el agua en un caldo insalubre.

Y Griñán empezó a pensar en la retirada. Un retiro privilegiado. A su lado tenía una delfina hambrienta, conocedora del laberinto institucional y del partido. Y le preparó unas casi primarias. Ese ha sido finalmente su tono, el casi. El no acabar de redondear, quizás por agotamiento o quizás porque venía de un hábitat en el que el absoluto lo era todo. Negación absoluta. Ese quedarse en los umbrales marcó incluso su dimisión como presidente de la Junta. Alegó unos motivos turbios, personales, familiares. Meandros para no decir en voz alta lo que todo el mundo sabía. Se iba por la corrupción, por los ERE. Ahí estaba su cabeza. Pero no. Mejor quedarse en la inconcreción, seguir abonando la confusión. El casi todo o el casi nada. Después de su declaración ante la Justicia es cuando más alejado ha estado de la ambigüedad. Reconociendo el gran desastre que han supuesto los ERE, el gran error. Sólo, entonces, en diferido, reconoció que su abandono de la presidencia de la Junta era consecuencia de ese escándalo mayúsculo. Una heroicidad frente a la actitud de su antecesor, que sigue instalado en la ceguera voluntaria y se niega a admitir la existencia de cualquier fraude bajo su portentoso mandato.

Ahora, también cuando ya casi se acababa su plazo como senador, Griñán dimite y pide a Susana Díaz que no se renueve su escaño. La presidenta prefirió reservarse esa carta en la manga por si le era necesaria utilizarla en sus duras negociaciones. Ahora sale a la luz pública. Griñán confía en la Justicia y piensa que, con o sin aforamiento, se demostrará su inocencia. De su honradez personal dudan pocos. El asunto va más allá. Existe una insoslayable responsabilidad política. Griñán lo entiende y dice adiós. Le queda algún cafetito con la presidenta. Esperemos que no tengan un sabor demasiado amargo.

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