viernes, 13 de marzo de 2015

El Parlamento Europeo condena la persecución política en Venezuela con el voto en contra de Podemos e Izquierda Unida + La inmundicia moral de Podemos = Nadie quiere que España se convierta en Venezuela.

Como viene ocurriendo con buena parte de la intelectualidad europea de los últimos doscientos años, los líderes de Podemos disfrutan de todas las ventajas que les procura el sistema que vilipendian mientras otros sufren lo indecible bajo el yugo de los regímenes que aquellos jalean.



Es muy fácil ser chavista o castrista desde la prosperidad y la seguridad de Europa, donde las tiendas están perfectamente surtidas y los Estados de Derecho, con todos sus defectos, son precisamente eso, no sanguinarias y caóticas repúblicas bananeras en manos de criminales de la peor especie. Es muy fácil apoyar a Maduro o a los Castro cuando los que sufren la represión y la miseria son otros y uno, lejos de sufrir las consecuencias de tal infame alineamiento, saca de ello réditos de todo tipo. Y es muy fácil, pero aún más miserable, dar cobertura a un régimen criminal incurso en plena ola de terror represivo desde los confortables escaños de un Parlamento democrático y encima presentarse como luchadores por la libertad y los derechos humanos. 

 Nadie quiere que España se convierta en Venezuela, un país hundido en la miseria y con unos niveles de violencia e inseguridad intolerables. Nadie salvo Iglesias y sus secuaces, que han vuelto a mostrar este jueves su verdadera cara apoyando al despreciable régimen de Caracas. Nadie lo olvide, nadie se engañe.




UEPolítica exterior
El Parlamento Europeo condena la persecución política en Venezuela con el voto en contra de Podemos e Izquierda Unida

En las últimas semanas, la situación política y económica en Venezuela ha sido uno de los temas más discutidos en los pasillos y las salas del Parlamento Europeo. La detención del alcalde de Caracas amplificó las voces más críticas que, encabezadas por los eurodiputados del PP, pedían incluso sanciones para el Gobierno de Nicolás Maduro.

La Eurocámara no ha llegado a tanto, pero hoy, el pleno, en Estrasburgo, ha aprobado ampliamente una resolución que condena la persecución política de la oposición y "hace un llamamiento a las autoridades para que liberen de inmediato a Antonio Ledezma, Leopoldo López, Daniel Ceballos, y a todos los manifestantes pacíficos, estudiantes y líderes de la oposición que fueron detenidos de forma arbitraria por ejercer su derecho a la libertad de expresión y los derechos fundamentales".

La resolución, con 384 votos a favor y 45 abstenciones, ha contado sin embargo con el voto en contra de 75 diputados, y entre ellos, 12 españoles, de Podemos, Izquierda Unida, ERC, ICV o Compromis, que no han querido respaldar un documento consensuado por el Partido Popular Europeo, los socialistas y los liberales de Alde que reclama que "todos los prisioneros políticos deben recibir atención médica y tener acceso inmediato, privado y regular a sus familiares y a abogados de su elección".

El texto, duro, va más allá y después de lamentar que un país que forma parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, aunque sea de forma no permanente, no garantice los derechos, llama al Gobierno de Maduro a "acabar con la persecución política y la represión de la oposición democrática, la violación de la libertad de expresión y las manifestaciones" y urge a "acabar con la censura de los medios de comunicación", recordando a las autoridades "que las voces de la oposición son imperativas para una sociedad democrática".

Las medidas han recibido el voto en contra de cuatro diputados de Podemos (Pablo Echenique, Tania González y Miguel Urbán) incluyendo a su líder, Pablo Iglesias, así como los de Izquierda Unida, Marina Albiol, Lidia Senra, Paloma López Bermejo, Ángela Vallina y Javier Couso, que recientemente estuvo en el país de viaje de trabajo.

Igualmente, Ernst Urtasún (ICV), Josep-Maria Terricabras (ECR) y Jordi Sebastiá (Compromis) se han pronunciado en contra de la resolución que apela a Caracas a cumplir con sus "obligaciones constitucionales", a respetar la independencia judicial y a permitir que las ONG y las asociaciones de derechos humanos puedan desarrollar su labor.

Los partidos políticos europeos están preocupados por el deterioro de la situación y las "detenciones arbitrarias" de opositores en un año electoral, lo que, a su juicio, podría "cuestionar la legitimidad y el resultado" de los comicios.

En la misma línea, la polémica resolución, que al final no ha contado con el respaldo suficiente durante su redacción para incluir algún tipo de sanción hacia los líderes bolivarianos, tal y como ha hecho hace unos días Washington, expresa su inquietud por un aumento de la violencia.

Por ello también hace un llamamiento a los "representantes de todos los partidos y de todos los sectores de la sociedad venezolana para mantener la calma, tanto de palabra como de acción". Y alerta de una "atmósfera de tensión e involución que podría conducir a la deslegitimación e ilegalización de la oposición democrática", e incluso, temen, "a la cancelación de las elecciones".


La inmundicia moral de Podemos



 Hacemos nuestro el editorial de hoy de Libertad Digital: "Ciertamente, la votación en el Parlamento Europeo sobre la represión del criminal régimen venezolano tiene escasas, por no decir nulas, consecuencias prácticas: la resolución no lleva aparejada ningún tipo de sanción y a estas alturas ni siquiera puede decirse que sirva para informar de algo que la mayoría de los europeos tiene más que claro: la Venezuela chavista no es una democracia sino una tiranía con pretensiones totalitarias.

Precisamente por esa ausencia de consecuencias reales el voto en contra de los diputados de Podemos es más revelador: cuál no será suvinculación ideológica, intelectual o de otro tipo con el régimen de Caracas que ni siquiera pueden abstenerse en una declaración de condena de sus más evidentes desmanes.
Como viene ocurriendo con buena parte de la intelectualidad europea de los últimos doscientos años, los líderes de Podemos disfrutan de todas las ventajas que les procura el sistema que vilipendian mientras otros sufren lo indecible bajo el yugo de los regímenes que aquellos jalean.
Es muy fácil ser chavista o castrista desde la prosperidad y la seguridad de Europa, donde las tiendas están perfectamente surtidas y los Estados de Derecho, con todos sus defectos, son precisamente eso, no sanguinarias y caóticas repúblicas bananeras en manos de criminales de la peor especie. Es muy fácil apoyar a Maduro o a los Castro cuando los que sufren la represión y la miseria son otros y uno, lejos de sufrir las consecuencias de tal infame alineamiento, saca de ello réditos de todo tipo. Y es muy fácil, pero aún más miserable, dar cobertura a un régimen criminal incurso en plena ola de terror represivo desde los confortables escaños de un Parlamento democrático y encima presentarse como luchadores por la libertad y los derechos humanos.
La inmundicia moral de Podemos es especialmente nauseabunda porque, al contrario que IU –que por supuesto también ha votado en contra de la resolución de la Eurocámara–, los de Pablo Iglesias tratan de presentarse ante la opinión pública como un movimiento transversal, más allá del eje derecha-izquierda, o, como mucho, socialdemócrata al estilo escandinavo.
Nadie quiere que España se convierta en Venezuela, un país hundido en la miseria y con unos niveles de violencia e inseguridad intolerables. Nadie salvo Iglesias y sus secuaces, que han vuelto a mostrar este jueves su verdadera cara apoyando al despreciable régimen de Caracas. Nadie lo olvide, nadie se engañe.

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